Hebert Sánchez

En 1965 nació en la capital de Colombia, Bogotá, y pronto comenzó a vivir en Tunja con su familia, ciudad mas provincial , entonces , rodeada de un paisaje particular de clima frio, que mas adelante se reflejaría en su primera exposición.
A los 11 años descubre su talento en un dibujo de un caballo que realizo sobre una tapa de caja de bocadillos, desde entonces sabia que se dedicaría al arte, aunque vivía en un ambiente ausente de posibilidades para desarrollar su inclinación artística y eso le costo que se le dificultara mucho pintar y conocer el medio artístico; estudio hasta secundaria entre Tunja y Bogotá, y en la capital pudo comenzar a explorar la historia del arte en la biblioteca del Banco de la Republica .

En 1998 conoció al artista Puertorriqueño Domingo Izquierdo quien fue su contacto con el mundo del arte, además de su amistad le ha legado una influencia artística importante ; desde aquel tiempo su obra se desarrolló desde lo figurativo hacia lo abstracto y de lo tradicional a lo contemporáneo, el contenido de su obra ha tenido un carácter espiritual que explora la relación del hombre con la creación, tratando diferentes temas con su particular enfoque de eternidad y temporalidad que se ve reflejado en temas como el cosmos que aborda durante mas de diez años.

Actualmente explora los lenguajes contemporáneos siempre con una característica personal debido a su formación empírica, su obra ha ido evolucionando desde sus viajes a New York , que lo han impulsado ha rescatar disciplinas como el dibujo , la fotografía, que en su juventud desarrollo, adquiriendo una visión actual de los nuevos procesos
Actualmente vive y trabaja en Madrid Cundinamarca, muy cerca de Bogotá.

Opiniones

LA ATMOSFERA GESTUAL EN LA PINTURA DE HEBERT SANCHEZ.

Cuando la pintura  se convierte en atmósferas siempre existe el riesgo de que estas se conviertan en un efecto pictórico. En la obra de Hebert Sánchez asistimos, a la excepción afortunada. El arte de cada pieza tiene elementos estructurales que no dejan que esto suceda para bien del espectador. Son piezas del instante depurado, sensible y trabajado en la tela misma sin fórmulas, más allá que la de apostar al acto mismo de la pintura. Los colores son trabajados de una forma mesurada planteando claroscuros en donde el cromatismo es un lenguaje que propone sensaciones llenas de contenido. La pintura además de ser una acción en donde el pintor sufre momentos vitales, en cada capa o tono puesto sobre la tela; es un acto de saber mirar el proceso del cuadro, en este caso es claro que son instantes detenidos en el tiempo que luego son intensificados con trazos, pinceladas, desbordes del pigmento como método de componer la imagen. Si hablamos de lo gestual es porque hay un equilibrio entre lo accidental y lo provocado intencionalmente por la mano del artista, se trata pues de que en un primer momento vemos gestos del pincel y luego una composición cromática que ordena la imagen para hacernos ver la luz en la oscuridad.

El límite más arriesgado en una obra es llegar a sus propias fronteras en donde entendemos que hay una fuerza creadora de la novedad. La afirmación de lo nuevo no es la simple variedad de una propuesta sino más bien la insistencia en una idea o sensación. Podemos pensar que hay oscuridad que se debe entender como opacidad de la tela,  es  la bruma oscura del vacío que contiene un ser de colores que expresan vida. El arte no será la vida pero sí, parte de su expresión. Cuando encontramos en nuestra época una propuesta que crea dentro de la mejor manera del expresionismo abstracto debemos agradecer que la pintura sigue planteando sensaciones refrescantes. La atmósfera, es el ámbito, no su esencia, por eso en este escenario el punto  a mirar es además de la técnica al óleo, su intención renovadora. Un pintor soluciona una cosa en su actividad según lo decía Gilles Deleuze, este es un buen ejemplo de ello, la conquista del color en la complejidad de la sombra.

Alberto Gómez, 20 de febrero del 2009.

Obras de Arte

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